
Por Germán Hernández
Me metí a espiar lo que pasaba en el streaming de Conexión Bariloche, cuando fue el turno de los estudiantes universitarios. Lo que vi ahí me llevó a pensar que la juventud también encontró un lugar para ser escuchada.
El Festival Audiovisual Bariloche, una propuesta que la Secretaría de Cultura de Río Negro sostiene desde hace 14 años, volvió a alojar al Encuentro de Estudiantes Universitarios. Jóvenes de distintas universidades del país y de países limítrofes como Chile y Uruguay llegaron hasta la ciudad andina, que se ha transformado en el polo audiovisual patagónico, para seguir formándose y compartir sus producciones.
El streaming se llevó adelante en el auditorio de la CEB, con una vista privilegiada al lago Nahuel Huapi. Un lugar tan hermoso como el tema que convocaba: el cine y sus infinitos mundos. La sala estaba llena de jóvenes que protagonizaron el octavo encuentro de estudiantes. Los invitados, el equipo técnico y la conducción, no superaba los veinticinco años promedio ¡Yo era el más viejo!
Mirando y escuchando con atención, mientras el atardecer barilochense ya dejaba ver, se terminó de comprobar algo que el festival viene cultivando edición tras edición. Esto es, estudiantes de distintas universidades charlando, vinculándose, armando una red de contactos para un futuro que, desde las grandes corporaciones, se proyecta individualista.
Pero…¿por qué hablamos de sosiego? Cualquiera que haya visto Esperando la Carroza, la película de Alejandro Doria de 1985, recuerda de inmediato una de sus frases más repetidas. «La gente joven no encuentra sosiego», dice mamá Cora, en una cita que funciona como lugar común para hablar de la impaciencia y la inquietud de las nuevas generaciones. Pero el FAB, por una semana, se tomó el atrevimiento de darle una vuelta de tuerca más a la popular frase.
Hacer cine en Argentina hoy no es sencillo, y las producciones nacionales atraviesan un momento de achique, de recortes, de incertidumbre. En ese contexto, un festival que abre sus puertas a estudiantes de todo el país funciona como un refugio, y ahí, entre charlas y mates compartidos, decenas de jóvenes universitarios encontraron sosiego. La palabra viene del latín sedāre, y encierra algo más profundo que la simple tranquilidad, una paz que se construye cuando uno encuentra, por fin, un espacio propio.
Universidades de todo el país, con Bariloche como centro
Por el FAB pasaron estudiantes de un amplio abanico de universidades: el IUPA, Instituto Patagónico de las Artes; la Universidad Nacional de Río Negro; la Universidad Nacional del Comahue, con sede en Neuquén; la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, de Santa Cruz; la Universidad Nacional de Tierra del Fuego; la ENERC, con su sede en Neuquén y su sede de animación en Rosario; la Universidad Austral, de Valdivia, Chile; la Universidad Juan Agustín Maza, de Mendoza; la Universidad de Río Cuarto, de Córdoba; y la UBA, a través de su Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Algunos de ellos pasaron también por el streaming de Conexión Bariloche, y ahí, con las cámaras prendidas, dejaron frases que quedarán guardadas en el cofre de recuerdos del FAB.

Estudiantes-universitarios-de-Valdivia,-Chile
Martín, de la Universidad Austral de Valdivia, resumía el espíritu del encuentro así: «¿Cómo podemos hacer con lo que tenemos? Es nuestra primera experiencia en un festival en competencia, y está muy bueno como experiencia humana, hay muchas oportunidades para conocer gente, hablar, hacer relaciones. Con mi grupo de amigos siempre convivimos en la universidad, pero compartir acá es otra cosa, enriquecedor».
Berenice, de la Universidad Nacional de Buenos Aires, habló de ese cruce entre lo conocido y lo nuevo y señaló que en las jornadas del festival se cruzó «a compañeros que he visto en materias, y poder hablar con ellos, conocer gente de otras universidades, salir de Buenos Aires e ir a un lugar que tenga más oxígeno está siendo una experiencia hermosa. No conocía el FAB y ahora estoy obsesionada».

Estudiantes de cine de la UBA, después de su participación en el streaming de Conexión Bariloche
Su compañera de ruta, Anabel, también de la UBA, contó que el festival le pareció «una experiencia súper amable; sabía que venía solo a una muestra de cortos, pero hay toda una ciudad que conoce el festival».
Y acá va un detalle que no se le podía escapar al cronista: Berenice Zapiola y Anabel Villalba fueron las grandes ganadoras de la Competencia Binacional de Cortometrajes Universitarios con su documental «La cara de mi madre». Se llevaron una PREMIO FAB – Estatuilla y el PREMIO FLIXXO.
Un sosiego que se construye entre pares
Es difícil hacer cine en estos tiempos, coincidieron la mayoría de los jóvenes que pasaron por el streaming. Pero también reflexionaron sobre algo que va más allá de lo técnico, que es la importancia de sostener las ganas de contar historias incluso cuando los recursos son escasos.
Magdalena es estudiante del IUPA, que llegó desde General Roca. Directora de una serie, sintió al FAB como una experiencia transformadora. «Es una experiencia nueva y hermosa, es otra realidad, viajar, convivir, comer, pagar entre todos el Uber. Quiero ir a este corto, a esta charla, estoy compartiendo con compañeras, y la gente que estoy conociendo es maravillosa». También agregó que el festival «te lleva a volver a creer, es inspiración pura».
Tener la posibilidad de mostrar un trabajo en una competencia real y la calidez de un encuentro entre pares, termina de explicar ese sosiego del que hablé más arriba. Venir a Bariloche y ver que todos están en la misma sintonía, compartiendo la misma pasión por contar historias, fue, para buena parte de esta nueva generación de cineastas, encontrar ese lugar de calma que no siempre es fácil hallar en el día a día.
- Tags:
- Efecto FAB2026



