
Por Ulises Rodríguez
Este año, el país invitado es Uruguay, que llega con una misión clara: fortalecer los lazos, ampliar las redes y demostrar que el cine latinoamericano se hace fuerte lejos de los grandes mercados.
Pero el FAB no es solo proyecciones y alfombra roja. Es, sobre todo, un espacio de trabajo, intercambio y resistencia. Productores, realizadores e instituciones uruguayas dirán presente para compartir experiencias y buscar nuevas formas de financiar y hacer circular historias que, muchas veces, quedan atrapadas en los circuitos centrales.
Micaela Solé, una de las productoras más importantes de Uruguay, será una de las grandes protagonistas. Con películas como Un cabo suelto (Daniel Hendler, 2025) en su currículum, Solé presentará Mala reputación y se pondrá el traje de jurado en la categoría PEC (Proyecto en Construcción) Latinoamericano.
Para ella, ser jurado es mucho más que una formalidad: “Te permite trabajar directamente con los proyectos, conocerlos desde adentro, mientras se están haciendo, y, en lo posible, ayudar un poco a que ocurran”, confiesa.
Mala reputación —dirigida por Marta García y Sol Infante Zamudio— es un claro ejemplo de lo que significa la coproducción regional. Filmada íntegramente en Uruguay, pero con un importante equipo técnico argentino en la posproducción, esta película sobre una trabajadora sexual y militante de derechos humanos busca romper el cerco de los circuitos tradicionales. «Siempre queremos que las películas vayan más allá de los espacios centrales. Hay tantos lugares valiosos a donde a nuestras películas les cuesta llegar», reflexiona Solé.
La cruda realidad del cine uruguayo
Si algo deja claro Solé es que hacer cine en Uruguay no es para nada fácil. «Uruguay fue siempre un país netamente coproductor, muy especialmente con Argentina. Siendo un país chico, no podemos financiar películas solamente con los fondos uruguayos», explica.
Hoy, el panorama está en tensión. Por un lado, Uruguay se convirtió en un destino atractivo para rodar servicios de producción (películas y series) y aumentaron los fondos para coproducciones. Pero, por otro lado, la circulación sigue siendo una pesadilla. «El cine uruguayo se mantiene siempre pequeño y peleando por los mismos nichos de cine de autor. Es muy difícil mantenerse ahí, porque esos nichos buscan descubrir, entonces van cambiando el foco de interés», sentencia.
La solución, según la productora, no es mirar hacia Hollywood o Europa, sino fortalecer lo nuestro: “Si queremos más visibilidad a nivel internacional, la forma de lograr más consistencia es fortificando nuestros espacios regionales y dándoles mayor durabilidad”.
ACAU: Tejiendo redes más allá de Buenos Aires
Desde la vereda institucional, Adam Schwartz, del área de Internacionales de la Agencia del Cine y Audiovisual del Uruguay (ACAU), coincide en que la clave está en descentralizar.
«La construcción de redes audiovisuales no tiene por qué concentrarse únicamente en los grandes mercados internacionales. Es fundamental fortalecer los vínculos dentro de América Latina», afirma Schwartz. Y para muestra, un botón: el vínculo entre Uruguay y la Patagonia argentina es un territorio fértil que recién comienza a explorarse. «El socio coproductor de Uruguay siempre fue Argentina. Es sumamente importante extender estas relaciones no solamente a Buenos Aires, sino al resto de Argentina», destaca.
Schwartz no solo estará presente para hacer contactos, sino que participará del taller “Kit de herramientas para producir audiovisuales: coproducciones internacionales, financiación y film commissions”. Allí, junto al Consejo Federal de Inversiones (CFI) y Puente Audiovisual, presentarán las oportunidades que ofrece Uruguay, sus acuerdos internacionales y los mecanismos de financiamiento disponibles. Una cita obligada para cualquier productor que busque un socio estratégico.
El futuro es regional
Tanto Solé como Schwartz tienen claro que la cooperación no es solo una herramienta para completar un presupuesto, sino una filosofía de trabajo. «El ideal es apuntar a una construcción sostenida de redes. Que una reunión en un festival pueda ser el comienzo de una relación profesional que después se transforme en un proyecto o una coproducción», anhela el representante de ACAU.
Con Uruguay como invitado de lujo, el FAB se posiciona no solo como una vitrina para el cine de la región, sino como un verdadero laboratorio de ideas. Porque, al final del día, la historia del cine latinoamericano se escribe mejor cuando se escribe en conjunto. Bariloche es, esta semana, el punto de encuentro perfecto.
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